miércoles 6 de enero de 2010

Operación Masacre


Le mandé un mensaje: subí, la puerta está abierta…Escucho sus tacos ascender con lentitud por las escaleras. Percibo el sonido del campanilleo de su celular a la distancia. Mis ansias crecen desbocadas. Continúa ascendiendo, siempre evita tomar el ascensor, como una gacela ciega de sangre que enfrenta aturdida a su cazador. Entra. Todo se encuentra a oscuras. Había dejado unas velas en el living, la lumbre nos deja en penumbras. Avanza. Se encuentra desconcertada. Escucho su ansiedad. Me acerco con sigilo por detrás. Tapo sus ojos. Susurra algo que no le entiendo. La silencio con un beso penetrante, succionante. Mi lengua recorre toda esa caverna perfumada. En su lengua tiritante y ardiente constato el nivel ilimitado de su excitación.
Comienzo a pasarle mi lengua por su cuello suave y acaramelado, mientras la despellejo de sus ropas. Una remerita verde. Su corpiño blanco con dibujitos. Me detengo como un experto orfebre en sus pechos. Jugueteo goloso con sus pezones morados. Los succiono queriéndolos seccionar. Los muerdo. Se endurecen como si fueran dos ciruelos. Carcomo la globalidad de sus prominencias sensuales. Desciendo con parsimonia hasta detenerme en el pircing que yace celoso en su ombligo de ninf, como un recluso en su almena. Desprendo el botón de la mini. La dejo desnuda. Su morenez irradia una pureza que me comprometo a macular descontroladamente. La coloco de espaldas. Mi lengua trapisondea ese tobogán bendito. Ella arqueándose como una gatita abandonada. Su espalda se encuentra en ángulo recto con la pared. Desciendo hasta penetrar el oráculo escondido por su cola de felpa perfumada. Mí lengua lubrica y succiona su ojo ciego y prohibido. Continúo hacia su vulva. Su pequeña cavidad rasurada ebulliciona un líquido agridulce. Le introduzco mi escarpelo lingual. Me encuentro hipnotizado por ese sexo húmedo que me absorbe. Estoy en cuclillas sorbiéndolo desesperado con una devoción sacra. Me prolongo obsesionado mientras mis dedos presionan sus muslos firmes. Regreso a la posición homínida. Mi glande moja inquieto la carne morena de su cola, como un pintor que está inventando una nueva técnica. Humedezco mis dedos. Se los introduzco en su caverna lujuriosa que para esas alturas se encuentra completamente mojada. Entran y salen. Salen y entran. La estrechez de esa ostra anangelada pone mi vástago en un clímax insoportablemente placentero.
_ Meteme un…de…di…to en la…co…la, me pide entrecortando las palabras entre gemidos delatores y clamores elocuentes.
Se lo introduzco. Su gritito agónico me produce un goce profundo y la sensación de que la operación esta siendo acogida con idénticas sensaciones. Me vuelve loco percibir su goce descontrolado. Estoy desbocado por ese entrar y salir de mis dedos por sus dos sacrosantos orificios carnales. Dos sagrarios perfumados. Un jugueteo goloso con los que mis dedos perturbadores buscan borrar los límites de lo esperable. Una doble masturbación irrefrenable. Me arrodillo. Continúo la operación. Le muerdo la cola. Sus dos voluminosas carnes tiemblan con cada bocado. La marca de mis dientes se afincan en esa piel de seda acondicionada para mi desvarío errante. Esa cola es mi trofeo y quiero penetrarla. Ella sabe que intentaré la conquista de lo que hasta ahora mezquina celosa, por miedo al dolo. Al agrietamiento de la telilla de ese ano virgen, inapropiado.
En la mesita dejé el Champagne. Del balde saco un hielo. Se lo voy pasando por la espalda. Empiezo desde la nuca. Ella va arqueándose a medida que el gélido instrumento se desliza por su columna desamputada. Vuelve a aparecer la gatita que reclama una penetración urgente. Detengo el pequeño témpano en el orificio ciego y prohibido: la ausencia virgen de conquistas y temblores. Presiono fuerte procurando anestesiarlo para que el dolo sea soportable. Su ojo esquivo y preciado goza de la sensación gélida. Grita y gime. Son entrecortados y como si estaría desfalleciéndose de placer. Me pide más.
_ Penetrame…meteme la pija en la cola…haceme vibrar…Negro…
_ No te lo mereces, Nena. Me hiciste esperar mucho tiempo. Además tenés una cola horrible, no mereces que le haga nada, no sirve. Le respondo.
_ Por favor… Negro…rompeme toda…quiero ser tu esclava…Quiero sentirla…sen-tir-la a-dentro. Haceme tuya. Adueñate de mi cola.
Detengo un rato el placer de querer clavarle mi bastión de mando. Me encanta cuando me ruega golosa. Dilato el momento lo más que puedo. Mi anguila palpita descontrolada. –siempre tubo vida propia, eso las mujeres no lo entienden, creen que es posible controlarla-. Dilato el momento esperando que ella dilate su ojito virgen. Tengo que esperar a que se derrita de placer y no de más. Que alucine la pija y la añore adentro por cualquier parte de su cuerpo. Que lo único que quiera sea apretujarla y devorarla. Al hielo, casi derretido se lo dejo ahí esperando algo más grande, duro y cálido. Agarro otro y se lo paso por la vulva. Es un canelón gélido. Recomienza su ciclo de gemidos y casi que empieza un aullidito tierno. Cada vez se arquea más y me muestra sus dos orificios en una posición que parecen dos botones floridos esperando la inauguración gloriosa. Se lo regreso a su cola nuevamente. Cuando vuelvo a sentirlo frío y desbordado retorno a su vulva. Sin prolegómenos se lo meto en su ostra húmeda. En un momento se resiste y lo quiere expulsar. "No Nena, hasta el fondo". Se lo digo y le empotro. Hace el amague de incorporarse, pero la mantengo en la misma posición. Se queja de placer. No da más. En eso mojo el instrumento con gel y se la pongo ahí, en la caverna prohibida. Bien empotrado. Intenta otra vez pararse. "Para, Negro, para que me duele". Me dice. "Cómo que para, no es que la querías adentro, ahí la tenés…"
_ Si, pero…me…due...le…hay…hay…haaayyy.
Ya entró casi todo el animal hambriento. La poseo. Es solo mía. Soy su único amo. Se entrega. La estrechez de su ano amarra mi pija fuertemente. Mi glande desbocado golpea sus entrañas con gozo perturbado. Me siento probando el placer de los dioses. Lo más exquisito. Lo más sagrado. La pasión perdiéndose en su túnel bendito. Una catacumba de placer donde dejaría mi osamenta echa jirones. Derrapando mis harapos. Perdido, prendiéndome. Abotonado a esa cola fenomenal. Vibra. Bellaquea. Se mueve. Como si fuera una potra salvaje que la quiero domar y no se deja. Nunca se dejará. Lo sé. Lo presiento. Me hace creer que soy su amo, pero me siento un pobre esclavo dependiendo de su placer, de su entrega, de eso que me ha penetrado.
_ Ya basta…Negri…me duele…
Paso por alto sus quejas y ruegos. No puedo parar. "Ahora no puedo parar, nena". Presiono mi pelvis, mientras con mis manos en sus hombros intento que siga en esa posición tan excitante. Doy vuelta su rostro. Quiero verla mientras la poseo. Quiero ver en su cara gozar y gemir. Voy introduciéndole mi pija, caliente y hambrienta. Carcome su ano, lo defenestra con elocuencia real. El orificio de su cuerpo, antes imperturbado, ahora ruega por un descanso eterno. Saco y entro. Entro y saco. Bajo mi mano y se la introduzco en su vulva desfalleciente y celosa. La cojo doblemente. Estamos casi exhaustos. El culmen del placer. El bombeo se hace cada vez más rápido. Cada vez con más furia. Ahora es su cola incontrolable la que con saña aprieta mi sexo extraviado. Mi glande se inflama y quiere desbocar ese cofre de perlas negras. Me voy desvaneciendo. Pero todavía no avecino la erupción de escorpio. Le rezo a Esculapio. Ella aprovecha ese momento de debilidad. Se suelta. Se saca el pañuelo de los ojos. Me tira en el sillón carmín. Estoy alucinando de placer. Me agarra la trompa. Se la engulle. Se la quiere devorar. Se la devora. Está enloquecida. La chupa. Me la muerde. Grito. Me da pequeños mordiscos en el glande. Son como mini electro schock, insufribles. Una deliciosa tortura. Se la chupa, al tiempo que la garra con furia, como queriéndola arrancar de cuajo. Estoy totalmente entregado. Me coloca un anillo de plata en la base del miembro. Me duele una enormidad. Siento como si fuera a explotarme en cualquier momento. Se les notan las venas con claridad. Las absorbe golosa. "Así me gusta, ahora serás solo para mí". En su voz no había placer. Estaba como desquiciada. Percibí una literalidad amenazante. Se me sube encima y ahora es su vulva la que me engulle el entramado cárnico, enhiesto y desaforado. Alucino como si estuviera por fuera de mi cuerpo. Ella está enloquecida. Cabalga. Monta y remonta la cabalgata de la verga, que no atina a otra cosa que a dejarse engullir. Estoy destruido…Siento que entre los testículos y el falo se acumula el líquido perlado sin poder salir, como si le hubiesen tapado la entrada a un río. Quiero llegar y no puedo…"Haggg…siii…haggg…"Quiero inundarla…No puedo. Ella sigue cabalgándome poseída, ciega. Vibra toda su piel. Pasa su mano izquierda por detrás de su espalda y bruscamente presiona mis gemelos testiculares. Una presión seca y bruta. Los oprime y comprime. Siento que me desmayo del dolor. Cuando no doy más, intenta aflojar el anillo. Percibo algo de alivio. Pero no lo puede hacer del todo. "Quiero tu leche. Quiero tu leche". Deja de engullirme. Se suelta un momento. No puedo ni si quiera pararme. Lame la verga y va desenvainando el aro. Una catarata verborrágica de semen le inunda la cara. Goza. Sus ojos están desorbitados. Mientras sigue carcomiendo mi glande y la pija completamente.
Se va. Respiro aliviado. Siento una puerta. Supongo que va al baño a lavarse. Ruego que me de un poco de respiro. Creo que me duermo un poco, no se. Creo que si. Abro los ojos y veo que la Negra se acerca sigilosa, como una pantera que espera devorar a su presa. Una presa indefensa, inutilizada. Camina adueñándose de la vida. El momento es suyo. Es su conquista. Hace rato tiré la toalla. Lleva las manos detrás de la espalda, escondiendo algo. Así va acercándose al sillón. Se arrodilla. Adora una vez más mi sexo, ahora con suavidad y ternura. Se incorpora y ata mis manos a mi espalda. Regresa a la adoración de mi carne todavía enhiesta, pero demasiada sensible. Mientras me enseña un pequeño cuchillo y con su sonrisa seductora me dice:
_ Ahora él, será mío, para siempre…

Federico Soler

miércoles 23 de diciembre de 2009

El amor en tiempos del chicle


La palabra amor está bastardeada,

masticada como un chicle y pegado

bajo una silla en un bar,

donde veo pasar las gentes

que bastardea esa palabra

y que mastica un chicle,

y lo pega bajo la silla

donde trabaja o en el escritorio

desde donde escribe una carta de amor

bastardeada.

¿Qué sé yo del amor?

Ya lo dijo el escritor ruso:

“Todo lo que aprendí del amor

me lo enseñó una prostituta

que me contagió de sífilis”


Roberto Sajosa

martes 1 de diciembre de 2009

Un pequeño pelotudo soñando con ser dios


A las nenas grandes les gustan las tachas. A las nenas chiquitas, como la mía, no. Entendés. Lo que pasa vos sos muy bruto. Me dejas marcas por todos lados y no me gusta. Cómo las tachas que no me gustan. No se a quien se le puede ocurrir poner esas cositas en los forros. Fueron hombres, seguro. Siempre pensando en gozar haciéndonos sufrir. Sos un boludo y muy bruto.
No entendés nada. Siempre lo mismo. Vos nunca me entendés. Te importa solo cogerme y listo. Sin preámbulos. Sin anestesia. Siempre pidiendo eso. Sabés que no quiero. Que me duele. Pero insistís. Sos un boludo. Como cuando me miras la cola y te la ingenias para pasarme la puntita por ahí. Me entra un temblor y, se me eriza la piel del pavor. Pero vos no me entendés. Insistís. Deseas poseerme y no te importa lo que me pase a mí. Si gozo o no. Es cuando te grito: ¡Por la cola no boludo! Pero se que volverás a la carga, te harás el sota e in-sis-ti-rás. A la carga mis valientes y tu pene-bastión marchando en busca de la conquista. Machacando mi retaguardia, siempre en guardia. Clavar la bandera. Ensayar un himno. Plantar un árbol. Tener un hijo. Lo que faltaba que ahora quieras tener un hijo. Sos un caso, encima con semejante calor, y querés que nos abracemos y transpiremos juntos. Con estos 44 grados se te ocurre insistir y hacer el amor.
¿Por qué no eyaculaste?¿Te cuesta? Yo gozo cuando siento que soltas ese jugo. Sino, no se cuando acabar. Se me hace que estarías horas gozando, cogiendo, gozando, hasta el cansancio. Hasta sudar de espanto. Hasta más no poder. Pero me dejas in-sa-tis-fe-cha. Con ganas de más. De seguir. De no parar de coger. Y te falta. No haces nada. Tenés el instrumento y no sabes usarlo. Me dejas in-sa-tis-fe-cha. Entendés. Para que mierda cargas con eso entre las piernas. Para que ese colgante de carne pendulando entre tus piernas de alfeñique. Ese colgajo desierto. Esa en-verga-dura. Dura esta siempre, pero no eyaculas todas las veces que espero. Necesito la seguridad que estas vencido. Para qué, decime hijo de puta, si no te sirve para nada. Si me dejas caliente. Entregada a la in-sa-tis-fa-cci-ón. Sin destino. En la arrechura de esperar otro polvo trunco. Otra encamada a la bartola. Polvo desgajado. Añorando polvos mejores. Entendés. Vos nunca entendés nada. Solo la idea fija de coger. De mirar las tetas y los culos mientras paseamos por la peatonal.
Lo peor es que no entendés que no quiero marcas. Parece que gozas en hacerme la contra. En lo que no me gusta. Eso. Me haces a propósito lo que no me gusta. Eso es. Dominar. Me querés hacer a tu imagen y semejanza. Un pequeño pelotudo soñando con ser dios. Pero como de costumbre no entendés nada.


Sadha

jueves 19 de noviembre de 2009

Pasión Hereje I


En su desnudez fue la noche más perfecta.

en sus caderas la luna dormía
llena de mi almíbar azaroso
cómplice, muda,
embriagada de caricias impúdicas
se dejaba arrematar la piel marina,
recogiendo sus besos de doncella
en mi labios de ninfa desbocada


desnudas
en las sombras,
entre los velludos brazos
de esos árboles frondosos
éramos dos pétalos desgajados
flotando entre besos, cicatrices
y despechos,
nuestros dedos de ninfa
jugueteando en las grietas prohibitivas
sagrarios impolutos,
(nos intimaron
ocultarlas
en pliegues misteriosos)

acaricié en la noche
como un lecho oscuro
a mi Luna
mordida a borbotones
acordonadas de pasión hereje
la desgarré
en pétalos promiscuos

las dos nos bebimos
sin consuelo
como diosas púberes
que desafiaban la eternidad
sorbiendo la cicuta aromática
de los pechos florecidos,
con sorbos lerdos
hasta sentir nuestros cuerpos
entumecidos de delirio.


Sadha

martes 17 de noviembre de 2009

Oda a su divina oscuridad


¡Cómo no amar el misterio empañado que esconde aquel manto negro que todo enreda entre sus hilos!Todo puede quebrarse en sus manos, o renacer en su poder.Cómo no salir a admirar su resplandor imaginario, cómo no rendirse ante su inquebrantable plenitud, cómo no esperar ansiosa su infortunio.Ella guarda en silencio el secreto oscuro del mundo.La luz muere para dejarla reinar y enceguecer más que el sol, ella sí que sabe callar y sólo a través de su inmensidad, gritar.Miles de plegarias ascienden con increíble energía hasta el umbral de su palacio; ruegos eternos que imploran piedad, misericordia y pan.La miseria es fiel compañera de su sombra. El peligro acecha sobre ella profanando su belleza que se convirtió en pecado.Ella observa con sus ojos plateados la tierra del desamparo en la que inmersos estamos.No quiero saber lo que ha preparado para mí, quiero ser rea de su inquietud, y temblar sin saber que encontraré hoy detrás del muro que construyeron tantas manos en su impaciente y sórdido desdén.



Tamara Corres.

sábado 31 de octubre de 2009

Sexo Bendito

Era un sexo
como cien mil puñaladas feroces
ahogándome la esperma
a desdentadas
desangrándome a cuenta gotas
en ese hilo de lava

era un sexo
plumífero
de nostalgias
sempiternas, voraces
de una lágrima espesa
de noviembre
cayendo al pozo ciego
en retirada

era un sexo:
labios de membrillo fresco
ardiendo como brasa
quemando como alivio,
monte de Venus
floreciendo derrotas
en ese oscuro lecho

era un sexo
de diez mil velos sedientos
perfume de amapolas
vergel hermafrodita
clama el goce
del delirio agónico
en esa ciego cavidad
agostada
era un sexo alado
de perfume debocado
dionisiaco
perdición infinita
de mi esperma contenida
extraviabas
mis sentidos al vacío
sin orillas

era un sexo
la puerta abierta,
el pretexto justo
para entregar mi vida
con esta daga
abriéndome el costado
sacro

despójame de todo
sexo bendito
deja que mane a borbotones
de mi costado izquierdo
agua y vino tinto
y tu sexo lo reciba como cáliz
eucarístico
sexo bendito.


Federico Soler

jueves 22 de octubre de 2009

Geminis


Ocultarse, es la forma de parusía que tiene el poeta.


Cabalgo en arenas prohibidas
ardientes
trepando ausencias
derribando
delirios
sudor y lágrimas
sumerges tu rostro virgen
en la almohada humedecida
resuellas
callas
gimes
trepidas en esos dedos
marfílicos

miro tu espalda
desvanecerse
derribarse
miro ese cuenco dorado
hundirse
en el lecho
sombras esquivas
carcomen tu carne

escamas grises destellas
de tu piel púber
te estremeces
en el calor de mi lengua
cuando inundo tu cáliz
de esperma
y naufragas celosa
en la noche vencida

secreto tácito
de horas líquidas
perpetúas la ausencia
en el climax hiriente
del sofocante calor
de nuestros cuerpos
ajados
sometidos al destierro
maldito
voces ajenas
inundan de reproches
nuestra sangre melliza.

Federico soler

martes 13 de octubre de 2009

Perdición Egipcia I

Efigie virulenta
tragando lujuriosa
mis belfos sedientos
(nuestros cuerpos
se desvanecen mudos
en la ausencia)

en cada gemido
muerdo goloso
sus ciruelos turgentes,
ciego contemplo
su vibrar errante
del Nilo:
espalda faraónica reptando
rapsodias en mis sentidos)

desborda su deseo
inundando
mi piel cautiva
sus caderas mordían mi sexo
con deleite inusitado
contemplando la esperma vencida:
estrellas fugaces
en esa noche egipcia)

cartas dormidas
habían compungido mi destino
tendría que huir por el desierto
unos cuarenta días.

Federico Soler

lunes 5 de octubre de 2009

Néstor vive

En las alamedas de las calles muertas
en las hazañas del dromedario
ausente
en el filo íntimo
de la plata incandescente
hiriendo esa carne
cicatriz descalza
en la herida punzante, pululante

yace impúdica su carna
de poeta desamputada

en la terraza de ese hotel
desvencijado
en el tejado roto
donde la Loca mira
el modelaje chusma
de los chongos delatados
en la catrera floja y desalmada
destartalada por el friqui friqui
movimiento báquico
en la noctámbula,
en el patio donde suenan los besos
prohibidos, chic,
pecadores de los machos, chuic
mugiendo, chocando las astas
entretejiendo las babas
entrecortando sus sexos,
las bolas por el suelo,
con esas vainas
coloradas mohosas, relamidas
muy barrosas

yace impúdica su carna
de poeta desamputada

en lo oscuro del zaguán destripado
donde el sogán refluye y moja
muestra su piel desmelenada
tragando aromas
insistiendo traumas
en esa fácil toqueteada de los
varones fieros
entre las manos gráciles
del pantalón gastado
donde la cremallera
del cierre erecto
envaina luces
escondiendo el misterio
que la loca sale a seducir
con sus ojos gemas
insistiendo en mirar el bulto,
en lo oscuro de ese cine porno
en sus recovecos
de besos adalmasados

yace impúdica su carna
de poeta desamputada
La Rosa arrasa la nostalgia
de las trolas

en las ruinas de esos cuerpos
desalmados abyectos
entre el bajón del Bajo
y de la mala caída
por el sorbeteo del paco
que nos deja corto y con ganas
después del shock
del crik, del crak,
de otra sorbida
en lo drapeado de ese laifting
que regatea arrugas
nivea decente, decadente
nivea de semen,
carcomiendo los carcomas
en esa mancha
loca, desaliñada
puro verso, puro sexo,
encame remanido y duro
obsecuente, obstinado,

yace impúdica su carna
de poeta desamputada
La Rosa arrasa la nostalgia
de las Trolas

en la Tetera de ese Bar
tan desaliñado,
las uñas sin colorear, huy
la boquita sin pintar, haa
los ojitos sin deliñar, vaa
donde el marino me arrincona,
me gana de mano,
huy, me duele, me hace daño
me hace su hembra
saca su lija
de entre las faldas escocesas
y apunta directo a mi
popa aletargada
a amollar mi popa se dispone brusco
en eso que era el papo
que relucía gustoso,
en esa Tetera mingitoria
dejé mi cuerpo desarmado
amarrado a los azulejos
percudidos
donde mis dedos arañaban
al descuido
sus brazos velludos
de macaco torpe,
qué machazo este muchacho
de los barrios pobres,
bestia analfa dejame que emascule
tu bravura ajena

yace impúdica su carna
de poeta desamputada
La Rosa arrasa la nostalgia
de las Trolas

en las palabras bulliciosas
en las estrofas recargadas
en los mohines de esta línea
despeinada, en el quebrado verso

tenso, denso, atragantada
en las puntillas de este deambular
de la palabra, en las putillas
que se aputarran y se hacen locas
se agachan
esperando la zarandeada
de sus ancas desclasadas
para ganar la calle lumpem,
deja la Llave en medio
de las ruinas
en esa muerte lenta
que aprisiona la poesía,
en esa forma barrosa, chota,
de hacer la calle a la bartola,
con la carterita roja,
huy, desteñida y ahajada
los tacos de charol gastados
destripando las baldosas
flojas, fofas,
en esa media en red
que se le fue el punto,
quedó abierta,
huy, el punto se fue en busca de otra yegua, de otra trola,
de otra traviesa menos atravesada
pendeja y trola,
mientras se la tranza
en los oscuros pajonales
una frase enlodada
hecha jirones, destemplada,
cargada de vuelos, pliegues,
en ese bretel cortado con los dientes, con saña
esperando que se libere
en ese trance de calor nauseabundo, estridente, ese elixir perlado
que esperan los golosos,
que saben sorber la ambrosia
de unos huevos machos
con deleite,

yace impúdica su carna
de poeta desamputada
La Rosa arrasa la nostalgia
de las Trolas

para la Loca,
esa extraña dama,
esa muñeca rota,
La Rosa, toda enamorada,
toda Lux, toda rota,
esperando en esa lucha
algo más que entregar
el orto prisionero,
y así, se fue al Brasil,
por nostalgia
por el triste destino del destierro,
y sí sedujo a la peste rosa,
rota y trola,
fue por el dejaste enrojecido
de luchar sin ver vencidos,
se dejó entregar al amor libre,
sin estribos, al potro fiero
indomable, tirando fuego por las
fauces infladas como anos,

yace impúdica su carna
de poeta desamputada
La Rosa arrasa la nostalgia
de las Locas

y la encontró dormida
la paca austera:
esos carcomas florines
la dejaron muerta,
pero el barro de sus letras
nos inundan como lava
alud de imágenes gastas,
de Evita entregada por un fiolo
al derroche del obreraje lujurioso
que solo quiere
Carne, y de la buena.

yace impúdica su carne
La Rosa arrasa nostálgica
a las Locas de las letras


la carne de tu poesía es la que hoy
lastramos golosas y prisioneras,
somos trolas amontonadas
esperando tu visita en medio de la noche lentejuelada,

en los efluvios de este trance, en la Tetera
de esta ausencia,
en esta vida puerca y delatada.




Federico Soler

sábado 19 de septiembre de 2009

Chester


Extraño el soldadito
sorbe, lame y mastica su chicle
desalmado, mira:
nenas “bien” dejándose arrimar
arrinconar
por veteranos de guerra
que invitan su Chandon aburbujado.
miradas cómplices
sonrisas tibias
sin compromiso, deliverys.
las nenas huyen, se deterioran
en cada sorbida
y los veteranos, que saben de milicia,
valen para otra contienda
(para el que entienda
Juana Blanco me llaman)
se reparten la lamida
en la parada, en la voltiada.
cayeron en la podrida
por unos papelitos desleídos
mal desanudados, mal paridos.
el soldadito mira su desclase:
tendría que volver
el servicio milical oviatorio,
se dejarían de joder con tanto Paco
los pendejos al puro dope.
los podrían a CO-rrer- LImpiar-BAilar
y dejarse de joder con la pelota,
por el piso las arrastro, escaldado,
por la bronca y la fruición agreste,
el que pueda entender que escrute,
desflore y veje.
La musiquita sigue su chaca-chan
chaca-chan, chan-chan,
entonces se ve los cuerpos quebrar
en la ilusión de esa escena póstuma,
el soldadito solo fuma y espera
compungido y sólo, la poca suerte
de una hembra, quedadito, el soldadito,
se detiene en los labios ajenos de otros machos
en los ojos extraños de otras lenguas,
en los cuerpos lustrados por la zafra,
el ardor en retaguardia, y el sudor ufano
de los hijitos de pitucos
que salen a embarazar nenitas
“incautas”, que sueñan con una salvación
rápida y cómoda,
los nenitos, pasados de mambo
de tanta playboy y Tinelli recargada.
el soldadito solo amasa, abraza
su mango mal lustrado
por su compañero de guardia
del cuartel de mando.



Federico Soler

miércoles 16 de septiembre de 2009

amordazar


martes 15 de septiembre de 2009

Torrente caníbal


Mirar lo obsceno desde la escena
observar lo obsceno
oho seno admirado,
sicalíptico, invertebrado
absorber los senos
de la dama de las flores
pechos indulgentes floreciendo
en mi lengua anfibia
apocalíptica.

descorro y lloro en tus montes.

la pasión de los cuerpos
lustrando tus ancas
tus horas muertas desbocadas
mientras tu sexo me mira
observar mi antojo de horror
ostra, ojo-vigía, antro
torrente caníbal,
salvaje de sombras
yacente. yacen entes
en concavidad clavícula
Anibal, Labina
ojo devorador de ansias
de falos
olaf en el solaf de la
discordia
en ese sillón, puf,
paf, almidonado
puteando, mientras la fumata
marihuanera en ese mate
intelectual entre estudiantes,
“punteado de capitón”
para los lacanos chochos
de la fruición, sin su función
se relamen en esa metáfora
huidiza
mirada miriada
aglutinada en el vacío
entre la grupa por esa grapa,
de esa cavidad cornea
concavidad ociosa
vacante
de ese músculo iridiscente
faltante, flotante
alguien le amputó un ojo de niño
con un hierro, un palofiero: garfio oxidado,
el niño burlesco se llevó su merecido
por fisgonear al vecino yerro,
obrero de la zafra pobre:
le gustaba toquetear a los niños,
esas niñas mal paridas. sin los pechos,
destetados, de su loba Ramona, detestados
por cabecear rápido el mango
el derrame
vendrá en abundancia
prometen sus palabras,
pero mi ojo-ano
deshoja caricias y posibilidades
vacuas.

Federico Soler